“¿Qué deseas?” Salvar al mundo, bras, y una mejor pregunta

50% de la magia consiste en la medida correcta. (Photo: H Matthew Howarth).

50% de la magia consiste en la medida correcta. (Photo: H Matthew Howarth).

Nunca he sabido qué quiero.

De chico me preguntaban, ¿qué quieres ser de grande? Respondía sonriendo, médico militar como mi papá. Desde entonces empecé a sacarle canas al pobre, porque él esperaba que yo fuera cualquier cosa menos doctor.

Afortunadamente para él y su pelo, biología de secundaria y yo nos odiamos a muerte, o peor todavía, hasta el aburrimiento. Entonces entró Historia al rescate. Siempre habíamos coqueteado ella y yo, pero fue durante mi adolescencia que las sonrisas penosas escalaron a besos ardientes. Yo inocente y ella experimentada, me enseñó:

¿Cómo desabrochas el bra de la represión humana?
¿Cómo manejo a la suegra de paradigmas viejos?
¿Cómo resuelves problemas de pareja de la economía global?

Ella tenía las mejores anécdotas: la Revolución francesa; la caída del Muro de Berlín; Francia e Inglaterra que habían peleado toda la vida, hasta que ya entradas en años aprendieron a convivir (porque juntos es más fácil pagar la renta). Historia fue mi primer amor, e inspirado por ella decidí resolver los problemas del mundo. ¡A desabrochar todos los bras (de represión humana) de la Tierra! Embriagado de locura entré, naturalmente, a la política.

Oh boy.

Para hacer una larga historia corta, comprendí el concepto de death by bureaucracy (muerte por burocracia). Quería mejorar al mundo, pero si seguía ese camino para entonces el mundo ya habría acabado, las cortinas habrían bajado, y el de limpieza me correría porque ya estarían por cerrar. ¿Cómo podía resolver los problemas globales más rápido, con mayor impacto? Me convertí en emprendedor.

Cofundé dos startups, colaboré con una más, ganamos una competencia, y recibimos una oferta de EA, la tercera compañía de videojuegos más grande del mundo. Las cosas mejoraban, así que, para mantenerlo interesante, entré en crisis. Me di cuenta que había algo que me gustaba todavía más que la parte de negocios: escribir ficción.

Maldita sea, ¿qué demonios quiero? ¿Política, empresas, arte? Entonces recordé a otro emprendedor y escritor de Silicon Valley, Tim Ferriss. En su best-seller, La semana laboral de 4 horas, plantea que se requiere la pregunta correcta. A continuación adapto y traduzco al español de México.

La mayoría de la gente nunca sabrá lo que quiere. Yo no sé qué quiero. Pero si me preguntas qué quiero hacer en los próximos cinco meses en cuanto a aprender idiomas, sí que lo sé. El chiste radica en ser específico. “¿Qué quieres?” es demasiado vago para producir una respuesta con sentido y que te empuje a actuar. Olvídalo.

Supongamos que tenemos diez metas y las conseguimos: ¿cuál es el resultado buscado? La respuesta más habitual: ser feliz. La felicidad puede comprarse con una botella de vino y se ha vuelto un término ambiguo de tanto usarlo. Hay una alternativa más precisa.

¿Qué es lo contrario de la felicidad? ¿La tristeza? No. Lo contrario del amor es la indiferencia, y lo contrario de la felicidad -y ésta es la esencia de la cuestión- es el aburrimiento.

Emoción (excitement) es el sinónimo práctico de la felicidad y es precisamente lo que deberías aspirar a conseguir. Es lo que cura todo.

Lo que nos regresa a donde partimos. La pregunta que debes hacerte no es “¿Qué quiero?” o “¿Cuáles son mis objetivos?” sino, “¿Qué me emocionaría?”.

Es hora de encontrar qué me emocionaría. Y desabrocharla.