Carta para exorcizar enamorados

Carta para exorcizar enamorados - Marco Díaz Calleja

(Foto: liz west).

Mi amor,

Te escribo desde tan lejos. Me doy cuenta no por los kilómetros o por los horarios, sino porque lo siento. Literalmente, tu me manques. Ayer en la madrugada movía mi mano lentamente de un lado a otro entre las sábanas. Con los ojos cerrados, en esos momentos entre dormida, entre despierta. Pero no te encontraba, no lo encontraba. Me despierto… y veo que mis dedos buscaban tu pene fantasma para darte un blow mañanero. Y dudas que te quiero, jaja.

No te mentiré, el trabajo es tan difícil. Vivir rodeada de ignorantes, de resignados. Lo sé, soy demasiado severa. Lo sé, veo problemas en lugar de oportunidades. Pero a veces quisiera aventarlo todo. ¿Por qué debo de limpiar su mierda? Con tanta que han acumulado, mejor deberían levantar paredes, constuir un castillo, y mudarse tras su muralla. Quizá no lo hacen, porque saben que más defensas no requieren. Ante tal olor, la civilización no osa tomar siquiera un paso en su dirección.

Escribir, terapia del corazón. ¿Pero pensar en ti? Terapia del alma. Saber que luchas allá, cruzando el océano. En ocasiones volteo al cielo y lo sé. Lo sé. El sol se pone porque quiere acompañarte. Parte en tu drección, porque te sabe solitario y alguien debe cuidarte. Porque mi amor, si vivieras a oscuras, ¿cómo encontrarías tu camino?

El otro día escuchaba tu tema. Las cuerdas elevándose, valientes, no porque carecieran de miedo, sino porque lo enfrentaban. Cuando sonó tu melodía de Star Wolf (versión Assault, por supuesto) casi te vi aquí en el departamento: tararéandolo, mientras escribías en la Mac, la luz naranja de la calle mezclándose con el café claro de tus ojos, cual sueño de otoño. Te sentí conmigo, y me hiciste tanta falta.

¿Cómo puede valer la pena vivir separados? ¡Tan breve resulta nuestra existencia! Hace un segundo apenas se formó la Tierra, y al siguiente ya se habrá congelado el Universo. Nacemos, luchamos y morimos por esas milésimas entre un instante y el que sigue. Pero tú y yo las pasamos separados. ¿Qué razón podría ser suficiente?

Si has descubierto la respuesta al enigma de mi vida, compártela conmigo mi amor. No increpo enojada. Tampoco estoy loca. (Sobredosis de chocolate no cuenta). Sinceramente, dime por favor.

Me encantaba escuchar tu respiración cuando dormías. Hasta me sincronizaba, ¿sabes? Sonabas como la respuesta a mis suspiros. Roncadores y babeadores suspiros, jaja.

Me doy cuenta que te escribo sin sentido. Ideas vagas, apenas y vinculadas una con otra. Eso es lo que ocurre cuando uno se muere de desamor.

No me mates por favor.

Beso,

Karla