Ari y el secreto de la innovación

(Foto por Guwashi999).

(Foto por Guwashi999).

El otro día conseguí que una cantante de jazz le hiciera el amor a un amigo. (Era su cumpleaños y había olvidado traerle regalo). También fue el día en que recordé el secreto de la innovación.

Tenía meses de no ver a mi hermano emprendedor Luis. Me dio gusto cuando me invitó a su festejo en un hotel y de ahí a un club de jazz. Pero hay trabajo, pensé, así que me anoté como “tal vez” en la página de Facebook.

Pasaron los días. De pronto escucho ese sonido de notificación que me sé tan bien. Era Ari: “Marco, te veo en el cumpleaños de Luis”. Emprendedora cubana que comparte mi amor por Holanda donde estudió, tenía todavía más tiempo de no verla a ella. Al instante mi tal vez se convirtió en un sí muy definitivo.

No me acuerdo qué tuve que hacer ese día. En algún momento chocaron compromisos con unas amigas rockera y otra argentina. Pensé en cambiar los planes, e invitar a una o a las dos al cumpleaños. Serían mis wingmen para neutralizar cualquier obstáculo con Ari. Finalmente no pude sincronizarme con ninguna. Avisé que llegaría tarde, aunque todavía los alcancé en el hotel.

-¡Marco!

-¡Luis!

Nos abrazamos como dos hermanos que luchan solos contra el mundo. De esos que comparten la trinchera del emprendedor, del vivir y morir pobre, con tal de dejar de serlo. Me dio tanto gusto verlo. Me presentó a sus amigos, platicamos, nos reímos. Pero desde que llegué noté la ausencia de alguien. Pasados minutos apropiados, le pregunté.

-Por cierto, ¿has visto a Ari? Tiene rato a que no sé de ella.

-Sí, ahí anda, siempre con un buen de trabajo. Es consultora en una incubadora. Dijo que llegaba al rato. La otra vez me invitó como juez en un concurso de su organización.

-Ay, ¡¡mi hermano el juez!! ¡Ahora tú calificas a los emprendedores!

Desvié la conversación hacia las aventuras de mi amigo, en parte porque no quería demostrar demasiado interés en Ari, y en parte porque ya había dicho todo lo que quería saber de su itinerario.

Partimos a Zinco, el club de jazz. En el camino Luis me preguntó sobre mis roces con la comunidad polígama de México, también le dimos el quéhubo al Hemiciclo a Juárez. Entonces le conté cómo tengo tantas ganas de venir un día al lugar, leer la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en mi Kindle, mientras escucho música de Game of Thrones. Y entonces decir, sí, triunfó la República, y hoy es hora de enfrentar los nuevos retos de la humanidad.

Mientras soñaba mis locuras una de las amigas de Luis se me acercó. Nos pusimos a platicar. Resultó que era súper fan de Game of Thrones. Pura gente bonita ese día. Continuamos hasta llegar a Zinco.

No había olvidado ese club bajo el piso, como un secreto a voces, con luces tenues y velos alrededor, todo dirigido hacia el escenario. Faltaba un rato para la banda, así que seguimos platicando en nuestra mesa.

-¿Y cómo elegiste el Zico para tu cumpleaños Luis?

-Me encanta el jazz. Toco.

-¡¿En serio?!

-Jaja, sí.

Resultó que mi amigo era músico consumado, y yo no tenía ni idea. Cómo podemos conocer gente sólo por una de sus caras.

-Sí, me gusta el Zinco porque es un buen lugar. Hasta el ambiente se da para eso, subterráneo, oculto, como speakeasy de la Prohibición con su jazz. Fue de lo primero que conocí en el DF cuando llegué. Me he puesto a recorrer con Ari.

-Sí- contesté mientras prestaba especial atención- el DF es un mundo. Conviene definir qué te interesa y dirigirte específicamente a ello.

-¡Y también hay todo tipo de gente! Hombre, escucha Marco -me dijo Luis mientras se inclinaba en mi dirección, para compartir un secreto de esos que da gusto compartir- el otro día fui a una fiesta con Ari. Era por Coyoacán, una casa con un montón de extranjeros. Estuvo divertido, y en eso, que me pongo a platicar con esta francesa. DIOS.

Luis suspiró y se inclinó hacia atrás, pidiendo auxilio al cielo para creer el milagro que había atestiguado. -Imagínate, era reportera especializada en tecnología ambiental. Viajaba por todo el mundo cubriendo proyectos de alto impacto. Por ahora estaba en México.

No tuvo que decirme más. Sonaba como -la- chica, o mejor dicho -su- chica. Luis es emprendedor ecológico. Justamente ganó hace poco un concurso con su proyecto de setas, que pueden alimentar de forma nutritiva y sostenible.

-Súper linda- continuó Luis-. Platicamos toda la noche. Eventualmente me tuve que ir porque tenía trabajo el siguiente día. Quise anotar su número y fuck, se le había acabado la pila a mi celular. Pero le pasé mis datos, y dijimos que nos pondríamos en contacto.

Me sabía tan bien esa historia.

-Todavía espero su llamada- confesó Luis. -Un mensaje, algo. Idiota,  hubiera agarrado cualquier pluma y me tatuaba el brazo. Ari me dice que es europea, que capaz que sí me marca pero ha estado ocupada. No sé. Fuck.

Pobre de mi hermano. Compartimos historias de más batallas. Eventualmente inició la banda. Recuerdo a la cantante. De esas chicas delgaditas con unas piernotas que pertenecen aquí encima. Ropa entallada negra con la luz tenue de alrededor, mostraba todo el relieve que necesitaba conocer.  Entonces empezó a cantar.

Había escuchado jazz, pero fue hasta entonces que -conocí- el jazz. Luis me empezó a explicar diferentes tipos, que hasta con la voz se puede improvisar. Pasó la noche, a ratos platicando con los amigos, volteando al escenario, bromenado con la chica que nos atendía, volteando al escenario. Era feliz, hasta que a Luis le llegó un mensaje.

-Marco, Ari me envió un mensaje- me dijo Luis. -Que apenas va llegando a su casa. Tiene un buen de trabajo y no va a poder venir.

Recuerdo que en cuanto Luis me informó, sentí que aprendí una lección. Fue una noche maravillosa. Eventualmente conseguí que la chica de la banda le cantara feliz cumpleaños a Luis a cappella, al oído, abrazados. Mi hermano anonado me dijo que sintió como si le hubieran hecho el amor a la oreja. Conseguí teléfonos y Facebook de varias chicas, incluyendo la que nos atendió, la de Game of Thrones y otra más. Pero no pude ver a Ari. Me acordé entonces de Steve Jobs.

“Focusing is about saying no”.

Él explicó que las ideas buenas son obstáculo para las excepcionales. Uno puede estar tentado a hacer miles de cosas, pero innovar consiste en enfocarte en lo importante. Pocas cosas, bien hechas. Y cada buena idea que se nos ocurre se enfrenta a un instantáneo no. Debe de demostrar su valor, debe de justificar la energía, los recursos y la entrega que se requerirán para construirse, para ser.

Ari también quiso venir a la fiesta de Luis. Y estuvo genial. Pero decidió quedarse en casa, para trabajar en lo suyo, en lo importante.

Yo fui a la fiesta. Le digo sí a todo. No me extraña que no cumplí las tareas de esta semana. Le dije sí a la pianista, a la rockera, y a la argentina. Al rato voy a platicar con otra chica. Tengo el apocalypse zombie, la German-Irish Night, el roadtrip. Mi trabajo de la escuela está pendiente, el de mi dreamline.

Y de forma más importante, el mundo sigue sin ser salvado.