Historias, edecanes e igloos: la clave es constancia (día 14 de 30)

Marco Díaz Calleja edecán

Otra de mis proezas. (Foto: martinak15).

Damn, 5 días. Soy bueno para desaparecer. Recuerdo una vez que paseamos por Polanco una edecán y yo. Su cabellera larga y negra. Mojitos. Como siempre, casi pierdo los lentes coqueteando. Antes de despedirnos me dice que la próxima vez tenemos que viajar a cierto bosque, solamente ella, yo, y una botella de tequila. El sentido de la vida nunca ha sido más claro.

Así que, naturalmente, le marqué como un mes después.

Estaba furiosa, pero fría, como dominan tan bien las mujeres. No volví a saber de ella.

Creo que pasó años para que me diera cuenta de que la regué, jaja. Constancia. La clave es constancia. Igualmente con los textos. Tengo tanto escrito e incompleto. Por ejemplo, incluso en este período de ausencia de pronto me caché jugando en el igloo:

Ella y yo nos pusimos las sábanas encima. Era nuestro igloo. No queríamos más fuertes. Buscábamos algo distinto. El día anterior había sido un castillo. Mañana un sex dungeon. Pero hoy era un igloo.

-Aww, estás rojito del frío.
-Me dices lo mismo en el calor.
-Y cuando te da pena. Como ahora.
-No tengo pena.
-¿Seguro?

Cerró los ojos. Extendió sus labios. El silencio llenó el igloo, casi lo derritió. La miré un momento. Era tan bella. Labios rojos, sin misericordia.

Tomé su rostro en mis manos. La acerqué. Me acerqué. Sonrió. Exhaló. Podía sentir su emoción. El calor de su boca. Pero la verdad es que sí me daba pena. Suavemente, porque no me atrevía a romper a la muñeca de porcelana, la besé en la frente.

-Jajaja. Aww, te quiero tanto. ¡Mi amor penoso!

Lanzó sus brazos sobre mí. Casi devoró mi lengua.

Debo de encontrar algo para mejorar mi constancia, para terminar mis cometidos. Aunque tampoco voy tan mal. Mi dominatrix me preguntó cómo iba, en parte por eso hoy continué el reto con mi investigación original. El chiste no es jamás caer, sino siempre levantarse. Y llamarle a la edecán.