Cómo salvar al mundo y caer dormido en el Parlamento Europeo

Marco Díaz Calleja - Parlamento Europeo

Creo que todo inició la noche anterior con una fiesta en Bruselas, no recuerdo claramente. De lo que estoy absolutamente seguro, es que en la mañana mi profesora quería matarme por caer dormido en el Parlamento Europeo.

Nos habían invitado a una plática oficial. Estaba tan interesado en el tema como desvelado, lo cual era más de lo debido. Me senté hasta adelante porque quería escuchar con atención al delegado. Empezó el evento, y me dormí perdidamente.

Joven, lejos de México, y con un precio sobre mi cabeza (la profesora ya quería correrme desde antes porque alguna vez me había escapado a la Torre Eiffel), prácticamente entonces debería haberse sellado mi fin. O si no cuando ronqué. O cuando empecé a babear. Cualquiera habría sido bueno.

Terminó la conferencia, y oportunamente, también mi siesta. El delegado preguntó si alguien tenía preguntas. Nadie alzó la mano… salvo yo. Podía sentir el mal de ojo y otros maleficios que mi profesora invocaba hacia mi dirección, pero continué.

Uno de los retos actuales de la comunidad europea consiste en el surgimiento de radicalismos derechistas. Un nombre me viene a la mente: Jean-Marie Le Pen. Hace tiempo las declaraciones de una persona acerca de expulsar a extranjeros, la desintegración de la Unión, y pedir el regreso de la pena de muerte me habrían parecido las de un loco. Hoy quisiera sostener mi postura, pero no estoy seguro… cuando el candidato llegó a la -2da ronda- en las elecciones presidenciales de Francia en el 2002.

Él no es el único. Aquí mismo en el parlamento existe una coalición de partidos de varios países con algo en común: extrema derecha. Pequeña, sí, pero alarmante. El Frente Nacional de Le Pen es sólo uno de ellos. Comprendo que surgen ante la inmigración y la falta de empleo, ¿pero acaso es la única solución? Yo no creo en la pena de muerte, ni en la expulsión de personas simplemente por una cultura distinta. Mi pregunta es, ¿cómo podemos balancear el desarrollo económico -respetando- los derechos humanos, en una era inevitablemente internacional?.

Por los siguientes minutos discutimos casos de estudio y escenarios. De alguna manera mi profesora me perdonó la vida. Pero eso no tranquilizó en lo mínimo mis preocupaciones, porque la realidad hasta hoy estremece mis huesos. Ahí, en el Parlamento Europeo, con los representantes de casi 500 millones de personas, incluyendo algunos de los seres humanos más capaces del planeta… la verdad es que no sabíamos qué hacer.

Yo tenía aproximadamente 15 años entonces, hace como una década de esa reunión. Recuerdo que cuando era más chico tenía la esperanza de que “allá afuera” hubiera alguien, -alguien-, que supiera resolver la violencia, el hambre, el calentamiento global. Eventualmente visité organismos internacionales y me di cuenta que los líderes eran seres humanos como yo. Capaces en algunas áreas, no tanto en otras. Con buenas intenciones la mayoría. Y hacen lo mejor que pueden, pero no es suficiente. Necesitan ayuda.

Y yo deseo ayudarles.

El ataque terrorista a Charlie Hebdo este pasado 7 de enero me recordó esto. Se había previsto: los radicalismos de ambos bandos necesariamente llevarían a la violencia. Pero no hicimos lo suficiente… No puedo continuar igual; mi pasión es salvar al mundo. Existen retos enormes, el terrorismo es sólo uno de ellos. Todavía estamos a tiempo de hacer algo. Por eso escribo.

Conozco organizaciones que luchan por los grandes problemas. Singularity University en Silicon Valley, el Future of Humanity Institute en la Universidad de Oxford. Pero antes necesito resolver el frente local: la renta.

Más de una vez he deseado ayudar al mundo, pero crecí con padres consentidores mexicanos. Ellos serían tan felices si tan sólo siguiera el ciclo de la vida: nacer, crecer, obtener un título, reproducirse y morir. Combina eso con los molletes más deliciosos que has probado y un departamento en la Roma. El resultado es la mejor ratonera que una zona de confort podría pedir. Debo independizarme.

Necesito experimentar para resolver los retos. Viajar, hacer prototipos, iterar. La situación económica de mis padres no da para eso. Además, mi papá cuenta con tendencias violentas. Sé que no es intencional, pero no importa. Debo de ayudar a mi mamá y a mi hermano. Y la única manera es empezar conmigo mismo.

Para el 1 de enero de 2016 voy a pagar mi renta. No creo en resoluciones, soy totalmente bando science, bitch. Para asegurarme de lograr mi cometido asignaré una dominatrix: Sara. Ella me pondrá el castigo que desee. Si no cumplo tendré que ejecutarlo. Además dividiré mi meta en partes más manejables y reportaré públicamente mi progreso.

Antes he utilizado este sistema para resolver retos significativos. (Acabar el primer borrador del Batman Vikingo, ¡yeah!). Sin embargo es la primera vez que planteo algo de este tamaño, a ver qué ocurre.

Sólo sé que alguien debe de hacer algo. Y ya no es suficiente con quedarse dormido.