El gobierno finlandés, Smash, y sacrificios humanos en la Frikiplaza

La pandilla finlandesa mexicana. (Foto: Leonardo Stark).

La pandilla finlandesa mexicana. (Foto: Leonardo Stark).

Hace algunos meses yo corría hacia el Museo Franz Mayer. Mi garganta me ardía, sentía una presión en el pecho. Llegaría temprano como siempre, eso no me causaba conflicto. Me dirigía a una plática con la Secretaria de Educación de Finlandia y directivos de Rovio, creadores de Angry Birds, para discutir cómo mejorar la educación mundial con videojuegos. Sonreiría si tan sólo el compromiso no chocara con otra invitación. Abría una y otra vez el calendario del iPhone; intentaba maniobrar citas  pero la conclusión era clara: no me daría tiempo de llegar al torneo de Smash.

Super Smash Bros. consiste en un videojuego de pelea. Mario, Link, Pikachu… grandes de la industria se enfrentan para encontrar quién es el mejor. He jugado desde su primera versión en 1999. Hacia principios de 2014 SAE Institute Mexico, la primera universidad de Latinoamérica en ofrecer la carrera en diseño de videojuegos, había lanzado un torneo de Smash abierto al público. Entonces y como miembro del programa yo había triunfado. Pero se organizaba una nueva competencia, y mi corazón palpitaba porque ahora yo no podría participar.

Regresando al museo, la Secretaria de Educación de Finlandia se acercó al podio. Señaló que de acuerdo a la OCDE el gobierno escandinavo había logrado uno de los mejores sistemas educativos. Nos contó que su país contaba con una historia de experimentos en el área. Por ejemplo, hace muchos años su Iglesia protestante había determinado que sólo se podría casar la gente que supiera leer y escribir. Por una vez sexo, religión y política pública se entendían. Rápidamente la población aprendió. Hoy el reto consistía en que los alumnos se aburrían y encontraban sin sentido la escuela. Esto se podría resolver con videojuegos.

Se discutió casos de estudio y posibles soluciones. Fui muy feliz. A veces me siento como loco de este lado del mundo con mis ideas de resolver los grandes problemas con entretenimiento. No son tan populares aquí. Pero ahí estaba la Secretaria, demostrando con cifras y hablando sobre proyectos a futuro.

Eventualmente concluyó el evento y corrí de regreso a la universidad. Mi corazón podría estar dividido pero se rehusaba a rendirse. Quizá alcanzaría a la competencia abierta de Smash.

Llegué, pero el torneo ya estaba muy adelantado. No sólo eso, yo tenía otros compromisos. Bruno Díaz, un amigo de programación que no afirma (ni niega) luchar contra el crimen de noche, me pidió que me uniera porque yo había ganado el torneo anterior. Él se había inscrito pero yo estaba ocupado. Ronda tras ronda me visitaba en la mediateca y me contaba sobre cómo subía en las eliminatorias. Hicimos un pacto: si él ganaba el torneo Bruno y yo lucharíamos.

(Imagen: Adam Holmes).

(Imagen: Adam Holmes).

Pasó el tiempo. Aproximadamente cada 15 minutos Bruno bajaba con un séquito que crecía al momento, hablando sobre cómo había derrotado espectacularmente ahora a un chico de audio, después de animación. Finalmente Bruno me visitó una última vez: lo había logrado. Había derrotado a todas las carreras y ganado el torneo de Smash.

Inmediatamente respondí que teníamos que luchar, pero él señaló que debía retirarse. Ahora eran sus compromisos. Lo detuve al instante; habíamos hecho un pacto y yo resolvería todo con tal de la batalla prometida. Accedió.

Conforme subíamos las escaleras hacia el piso del torneo la gente reconocía a Bruno. Empezó como murmullos, después señalamientos. Finalmente cuando llegamos al salón las porras inundaban. Muchos lo reconocían como el campeón, mientras que yo era un desconocido. La mayoría eran chicos nuevos, nunca me habían visto luchar. Gritaban “Bruno, Bruno, ¡Bruno!”. Me sentía como el underdog.

(Foto: Rocky).

(Foto: Rocky).

Dos chicos jugaban casualmente en la consola. Se apartaron cuando Bruno y yo nos acercamos. Se anunció que yo defendería mi título. Esto se resolvería en Super Smash Bros. Brawl, el último de la serie hasta entonces. Arena Final Destination. 3 vidas. Él eligió a Fox, yo a Wolf. Rival contra rival. Campeón contra campeón. Caer del ring significaba la muerte, y peor aún, el deshonor.

Bruno me sorprendió. Saltaba, golpeaba, bloqueaba con precisión. Esto no era usual. Por años he escuchado a gente diciendo “soy bueno en Smash” y que no cumplía lo prometido. Sólo mi hermano y yo competíamos, pero de pronto tenía a mi lado a una persona a mi nivel y me sentía feliz. Pero fue un error. Pensar, sentir, esos microsegundos en Smash hacen la diferencia. Recibí una patada en la cara por distraerme. Salí volando de la plataforma y el público gritó.

Pero esto no había terminado. Inmediatamente activé el propulsor con arriba B. Alcancé la esquina de la arena y salté dos veces. La gente gritaba “Bruno, ¡Bruno!” apenas sonaba un pálido “Marco” al fondo. Regresé al suelo y tomé la decisión: usaría toda mi habilidad. No piedad.

(Imagen: Nintendo).

(Imagen: Nintendo).

Rápido y agresivo: mi postura de vida y también de combate. Correr. Sacar pistola. Cortar distancia. Clavar bayoneta. Clavar garras. Garras. Garras.

Bruno defendió, esquivó. Cuando lo único que quedaba era la orilla o mis golpes, saltó. Fox en el aire es peligroso. “La chilenita”, una de sus patadas, puede destruirte de un impacto con el suficiente daño. Me atinó y sacó de la arena, pero yo también conocía las alturas.

Existen técnicas prohibidas. Técnicas que no se utilizan en torneo porque son de alto riesgo, alta recompensa. Requieren demasiada precisión. Si fallan equivalen a terminar expuesto, recibir un golpe, y terminar la batalla. Pero si algo me emociona es apostar todo para ganarlo todo.

Fuera de la plataforma y a punto de caer, activé adelante B: Wolf Flash. Consiste en teletransportarse y dar un zarpazo de electricidad. Podría atacar y regresar a la arena  al mismo tiempo pero el movimiento presentaba costos. Sólo funciona en diagonal hacia arriba. No se puede controlar mucho la dirección, y aunque resulta casi instantáneo, tras usarlo no podría moverme por un momento. El instante perfecto para ejecutarme.

Silbó el aire cortado por mi trueno. Todo se paralizó por un segundo: había atinado. Mis garras se clavaban en el cuello de Bruno, la electricidad atrofiaba su cuerpo, y tras un instante suspendido en el aire, salió disparado al abismo. El público gritó. Bruno 0, Marco 1.

(Imagen: Nintendo).

(Imagen: Nintendo).

Tras el Wolf Flash la batalla siguió un camino definido. La audiencia había empezado con porras a Bruno. Después silencio. Finalmente mi nombre. La gente explotó a mi alrededor. Saltaban; gritaban; una chica y su galán se besaron a mi izquierda. Derroté a Bruno 3-0 y defendí mi título. Fue una batalla honorable y estrechamos la mano. Recuerdo ese día porque aprendí una lección importante.

Work hard, party hard. Es mi filosofía desde hace tiempo, pero entonces la viví claramente. Temía que no podría asistir con la delegación finlandesa, participar en el torneo, y resolver varios pendientes ese día. Sin embargo, donde hay una voluntad hay un camino. Requiero practicar esto para mi reto.

En menos de un año debo independizarme para salvar al mundo. Actualizo el castigo porque las circunstancias han cambiado. Requiero un capataz que yo vea constantemente, así que mi hermano cumplirá el rol. Coincidimos día y noche, él hasta predice cuando yo no disfruté un evento (si regreso temprano al departamento). Estudiamos la misma carrera; él comprende por qué me he puesto la soga al cuello con el reto. Hablando de castigos…

Se modifica el reto. Como me han indicado, penas de una semana no son suficientes así que las anteriores quedan nulas. En caso de no independizarme para el 1 de enero de 2016 me someteré a:

1. Escribir un año con mala ortografía

Yo soy escritor. Mi todo gira alrededor de buenas historias. La ortografía una vez salvó mi vida. Quitarme mis herramientas significa quitarme las manos.

2. Una vez al mes, por un año, peregrinar a la Frikiplaza. Y vestido como Ranma 1/2 -mujer-, jugar Smash sinceramente con mi mejor habilidad

La Frikiplaza es mi horror. Gente fea, rara. Nunca la he visitado tan sólo por el nombre. Pero no sería suficiente castigo acudir de incógnito. En ese lugar practican Smash competitivamente y yo soy bueno. Muy bueno. Si los destruyo mientras juego como Ranma, acabaré por siempre en Internet. Si por menos ya ando circulando por ahí.

3. Ser sujeto a spoiler de cualquier historia

Me encantan las buenas historias. Odio los spoilers.

4. Acudir a una marcha convocada por López Obrador

Creo en la institucionalidad. Amo a la República. No se diga más.

Existen distracciones para que logre mi cometido. Videojuegos, fiestas, miedos. Estos castigos hacen más grande el costo de perder que el de enfrentar mis dudas. Además he demostrado que se puede trabajar y divertirse. Ya he logrado antes lo imposible. Work hard, party hard. Y todavía mejor, hacerlo con honor.